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Panamá: El desarrollo del centro financiero

Latin America | 26 Jun 2013

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El sector crediticio en Panamá sigue creciendo a un ritmo saludable, mientras que importantes cambios en la normatividad se están llevando a cabo con la finalidad de garantizar la estabilidad de los bancos. Al mismo tiempo, las autoridades están impulsando la transparencia del sistema, aumentando su cooperación con la comunidad internacional y consolidando la posición de Panamá como centro financiero regional.

El crédito interno en el sistema bancario nacional creció un 14.2% en 2012, llegando a más de US$ 33 mil millones, según datos de la Superintendencia de Bancos de Panamá. El aumento estuvo en gran medida respaldado por los préstamos del sector privado, que representaron el 94.2% del crédito a partir de finales del año pasado. Los niveles generales de activos crecieron un 10%, llegando así a US$ 72.94 mil millones.

El centro financiero internacional de Panamá fue establecido en 1970 y desde entonces ha albergado a cerca de 100 bancos extranjeros. Asimismo, ha experimentado un importante crecimiento en 2012 debido al aumento de los activos en un 10% hasta llegar a US$ 89.78 mil millones. Aunque el país todavía cuenta con leyes relativamente fuertes a propósito del secreto bancario, ha comenzado a revelar información financiera a través de acuerdos bilaterales como el acuerdo entre Estados Unidos y Panamá sobre el Intercambio de Información Financiera (TIEA, por sus siglas en inglés), el cual entró en vigor en abril de 2011 y el más reciente TIEA con Canadá firmado en marzo de 2013. De este modo, Panamá fue removido de la "lista gris" de la OCDE en 2011 después de firmar su TIEA número 12 en poco menos de dos años.

En términos generales, el país está tomando medidas para fortalecer los marcos regulatorios y de supervisión de su sistema financiero en consecuencia con las recomendaciones del FMI. Estas incluyen el establecimiento de una línea de liquidez para actuar como prestamista de última instancia ya que no hay banco central, así como el desarrollo continuo de la adecuación de capital y las normas regulatorias de información para las sociedades de cartera en el sector financiero y, por último, la finalización y puesta en práctica de la normatividad sobre los riesgos vinculados a la operación y las tasas de interés.

En su reciente Artículo IV del Personal Técnico, publicado en marzo de 2013, el FMI también señaló que, con altos niveles de comercio y financiamiento extranjero, Panamá sigue siendo vulnerable a los choques externos. En particular, las fluctuaciones repentinas en los flujos de capital hacia América Latina o una eventual desaceleración en Colombia y / o Venezuela, sus principales socios comerciales e importantes fuentes de depósitos en el extranjero, podrían tener un efecto adverso en el crecimiento del crédito del sector privado, aunque probablemente la reciente creación de un fondo soberano de riqueza podría reducir estos riesgos.

A pesar de estas preocupaciones, Panamá sigue siendo un centro financiero regional, con activos totales equivalentes a cerca del 215% del PIB. El crédito interno al sector privado representa casi el 90% del PIB y los préstamos han superado los depósitos desde mediados de 2010. Prueba de su importancia, es que Panamá ha sido recientemente incluido por vez primera en la edición de marzo de 2013 del Índice Global de Centros Financieros, el cual se publica cada seis meses por la londinense think tank Z / Yen.

La calificación general del país en el puesto número 67 entre los 75 principales centros financieros del mundo pone en evidencia su pequeño tamaño, sin embargo, pese a ello no se encuentra muy por detrás de sus competidores regionales, tales como Ciudad de México (55), Buenos Aires (53), Río de Janeiro (48) y Sao Paolo (44). Con una población de 3.57 millones de habitantes, Panamá es un país pequeño en comparación con estos gigantes, pero la rápida expansión de su economía dolarizada, la estabilidad política y la sólida red de bancos le han permitido ocupar un lugar por encima de su peso en el contexto regional y mundial.

Desde que Panamá se estableció por primera vez como un centro financiero en el año 1970, el sector bancario ha sufrido una serie de transformaciones importantes, sobre todo en los últimos años. El mejoramiento en la calidad de los activos, el aumento de la cooperación con la comunidad internacional y el fuerte crecimiento de los depósitos domésticos en medio de un importante crecimiento económico, han contribuido al desarrollo de la banca y de mayores sistemas financieros. Sin embargo, el fortalecimiento de uno de los cinco centros financieros más grandes de América Latina sigue siendo un trabajo en curso.

 

Panama: Developing a financial centre

Lending in Panama continues to grow at a healthy pace, while important regulatory changes are being carried out to ensure the stability of banks. At the same time, authorities are boosting transparency of the system, increasing their cooperation with the international community and strengthening Panama’s position as a regional financial centre.

Domestic credit within the national banking system grew by 14.2% in 2012, reaching more than $33bn, according to data from the Superintendent of Banks (Superintendencia de Bancos Panamá). The increase was largely on the back of private sector loans, which accounted for 94.2% of credit as of the end of last year. Overall asset levels were up by 10%, hitting $72.94bn.

Panama’s international financial centre – established in 1970 and home to nearly 100 offshore banks – also saw growth in 2012, with assets rising by 10% to reach $89.78bn. While the country still has relatively strong banking secrecy laws, it has started to disclose more financial information through bi-lateral agreements such as the US-Panamanian Tax Information Exchange Agreement (TIEA), which went into effect in April 2011, and the more recent TIEA with Canada signed in March 2013. Panama was removed from the OECD “grey list” in 2011 after signing its 12th TIEA in just under two years.

More generally, the country is taking steps to strengthen the regulatory and oversight frameworks for its financial system, in line with recommendations from the IMF. These include the establishment of a liquidity facility to act as a lender of last resort, as there is no central bank, as well as the ongoing development of capital adequacy and regulatory reporting standards for holding companies in the financial sector and the finalisation and implementation of regulations on operational and interest rate risks.

In its latest Article IV staff report, published in March 2013, the IMF also pointed out that, with high levels of trade and foreign financing, Panama remains vulnerable to external shocks. In particular, sudden fluctuations in capital flows to Latin America or a slowdown in Colombia and/or Venezuela, major trading partners and important sources of foreign deposits, could have an adverse effect on private sector credit growth, although the recent establishment of a sovereign wealth fund will reduce these risks.

Despite these concerns, Panama remains a top regional financial centre, with total assets equivalent to about 215% of GDP. Domestic lending to the private sector amounts to about 90% of GDP, and loans have exceeded deposits since mid-2010. Indicative of its importance, Panama was recently included for the first time in the March 2013 edition of the Global Financial Centres Index, which is published every six months by London-based think tank Z/Yen.

The country’s overall rank of 67 out of 75 of the world’s leading financial centres is indicative of its small size, yet it is not far behind its regional competitors Mexico City (55), Buenos Aires (53), Rio de Janeiro (48) and Sao Paolo (44). With a population of 3.57m, Panama is tiny in comparison to these giants, but its rapidly expanding dollarised economy, political stability and strong network of banks have allowed it to punch well above its weight in the regional and global contexts.

Since Panama first established itself as a centre for finance in 1970, the banking sector has undergone a number of important changes, particularly in the past few years. Improving asset quality, increased cooperation with the international community, and strong growth in domestic deposits amidst prominent economic expansion have all contributed to the development of the banking and larger financial systems. However, the strengthening of one of Latin America’s five-largest financial centres remains a work in progress.

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